De los seis a los doce meses se produce un impulso importantísimo en el desarrollo psicomotor del niño, que le permite adquirir habilidades complejas en poquísimo tiempo.

Además de aprender a sentarse (hacia el séptimo mes), a gatear (sobre los ocho meses), a ponerse de pie (alrededor de los nueve meses) e incluso a dar sus primeros pasos solo (entre los 10 y los 14 meses), le entusiasma tirar al suelo todo lo que coge, una y otra vez (hacia los ocho o nueve meses).

GRANDES DESCUBRIMIENTOS

Esta acción aparentemente sencilla le lleva a hacer grandes descubrimientos que son fundamentales en su evolución:

Su influencia en el ambiente. Tras repetir la misma acción, se da cuenta de que es él mismo el que, al lanzar el objeto al suelo, lo cambia de lugar, provoca un ruido y produce una reacción en sus padres. Esto constituye un avance clave para el desarrollo de su inteligencia.

El concepto de permanencia. Hasta los ocho o diez meses el niño cree que lo que pierde de vista deja de existir. Pero al lanzar objetos al suelo descubre que lo que se sale de su campo de visión aun existe. Al entenderlo dejará de llorar cuando su madre salga de su cuarto, porque ya sabe que no se ha ido para siempre.

Las características de los objetos. El sonajero y el biberón suenan de manera diferente cuando llegan al suelo; el agua “desaparece”; la pelota rebota… Todos estos datos le ayudan a ir conociendo mejor el mundo que le rodea.

La ley de la gravedad. Comprobar que todo cae hacia abajo le hace intuir las leyes físicas que rigen el mundo.

ASÍ PERFECCIONA SUS SENTIDOS

Es evidente que lo que más le gusta a nuestro bebé es jugar con nosotros. Al fin y al cabo, tirar las cosas al suelo es una invitación para que las recojamos y se las volvamos a dar. Al seguirle el juego, además de fortalecer la relación y fomentar su sociabilidad, conseguimos que controle mejor sus movimientos.

Es aconsejable variar el modo de devolverle los objetos: dejádselos debajo de un cojín, encima de la cama, dentro de su juguetero… Así le ayudamos a perfeccionar su coordinación ojo-mano y a calcular y controlar su propia fuerza.

También es aconsejable que reorientemos este juego hacia el “coge y dame”, que es el paso previo a compartir. Y ofrecerle objetos de diferentes colores, tamaños y texturas, para que perfeccione la vista, el tacto y el oído.

Mientras jugamos, podemos contándole todo lo que ocurre. Frases obvias como “¡qué lejos has tirado las pelota roja!” o “el peluche ha caído detrás de la silla”, que él archiva en su memoria, le facilitarán la tarea de aprender a hablar.

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