A partir de los dos años les gusta estar con otros niños porque hablan su mismo idioma. Nacen los primeros amigos del bebé, aunque no serán relaciones al uso, sino intermitentes.

Hasta ahora su universo emocional se había limitado a la familia,  pero ahora está a punto de abrirse al mundo, y la puerta de entrada es otro bebé como él. Nuestro hijo está encontrando su sitio en la vida ante los demás y está aprendiendo a entenderse con ellos.

Con dos años no podemos esperar una amistad convencional, regida por los verbos compartir y discutir. Los primeros amigos del bebé son también sus primeros competidores, la amenaza a sus posesiones. Son otros seres que deletrean la palabra «mío» tan alto y claro como el.

Pero también son esos otros que nunca les preguntan «¿qué?», que no necesitan el lenguaje para entenderse aunque, paradójicamente, la presencia de un amigo supone un empuje en el desarrollo del lenguaje.

 

¿Cómo eligen a sus amistades?

Es posible que el punto de encuentro sea un objeto: la pelota, la pala o un coche. El niño se encontrará frente al objeto y, a la vez, frente a un pequeñajo con el que comparte aficiones. Su primer amigo se parece a él y esto tiene la desventaja de que ambos quieren lo mismo, lo que suele saldarse con una pelea. Pero de ese desencuentro puede nacer el encuentro.

Eso sí, aunque compartan objetos, no compartirán objetivos. Se divertirán corriendo sin normas, sin saber quién pilla a quién o de qué va el juego. Aún falta un año para que compartan consignas de la manera que conocemos. Mientras, ensayan y ensayan el juego en paralelo.

 

Los conflictos son positivos

Los inevitables conflictos no son negativos. A través de ellos irán elaborando las normas que rigen toda relación. ¿Un rato tú y otro yo? Así se dan cuenta de que pueden disfrutar del cubo ¡aunque no lo tengan en exclusividad!

Los otros le enseñarán a compartir de verdad. Lo que los adultos hacemos con ellos no suele ser compartir, sino conceder o denegar.

 

¿cómo le enseñamos a  que resuelva él solo los problemas?

  • Nunca debemos resolverlo nosotros imponiendo nuestra autoridad. Debemos intervenir lo menos posible, observando cómo se desenvuelve el niño y acudiendo si demanda nuestro apoyo.
  • Podemos guiarle con preguntas, hacerle pensar en soluciones: “¿Qué crees que podemos hacer para arreglar esto?”. Le ayudamos a encontrar sus soluciones, fomentamos el diálogo y la comprensión del otro.
  • Ofrezcámosle un modelo de confianza en el mundo, herramientas para desenvolverse que le permitan establecer relaciones saludables y placenteras.

 

Venga, juega con los demás

Hasta más o menos los 24 meses, los bebés  se centran casi exclusivamente en las relaciones familiares (aunque le enriquecen todas las relaciones) y a partir de esta edad cada niño “despierta” a los demás cuando está preparado. No se le puede forzar a que juegue solo ni a que juegue con los demás.

Guiados por la preocupación de que no aprenda a relacionarse, podemos transmitirle ideas equivocadas de sí mismo. Cada vez que, al verle jugar solo, le insistimos para que juegue con otro niño, le estamos transmitiendo que hay algo malo en su actitud, cuando no es así en absoluto.

Como en todos los aspectos de la vida, cada niño tiene su ritmo y da el siguiente paso cuando se siente preparado para hacerlo. Si a nuestro hijo de dos años no le interesan los demás no hay nada de lo que preocuparse, pronto le interesará.

 

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