El vínculo que se crea entre la mamá y su bebé es algo que muchas nos preguntamos ¿Por que será? Por eso cuando hablamos de vínculo es porque nuestra biología está lista para esa conexión tan especial tras el parto.

La conexión entre madre e hijo se genera con el contacto, con la mirada, con el amor y unas veces va más deprisa y otras más despacio. Hay momentos clave, como tras el parto, en los que todas nuestras hormonas  están preparadas para generar esta conexión con el bebé. Pero si no puede ser en ese momento, podemos favorecer situaciones de vinculación más adelante.

Todas las experiencias de contacto físico agradables liberan en el cerebro hormonas que favorecen la unión con el bebé. Si dejamos nuestros pensamientos a un lado y nos sumergimos en los sentidos, el vínculo fragua más deprisa porque podemos entender mejor las señales de nuestro bebé. Y eso, a su vez, nos hará sentir más seguras. Nuestro cuerpo aprende rápido.

  • Contacto piel con piel. Cuanta más piel haya en contacto, mejor: tumbarnos juntos, acariciarle, mecerle, abrazarle…
  • Oler al bebé. Es muy instintivo. Cada bebé puede reconocer a su madre por el olor. La madre también podría hacer lo mismo con su bebé. Al olerlo estimulamos nuestro cerebro más primitivo. De esta forma despierta nuestra ternura e instinto de protección.
  • Los sonidos. Los sonidos de nuestro bebé son muy especiales para nosotros. Escucharlos con atención y darnos cuenta de que intenta comunicarse con nosotros nos anima a comunicarnos con él: con palabras o sonidos, con canciones, con caricias o abrazos. Todo eso nos beneficia a los dos.

¿Cómo establecemos el vínculo si nuestro bebé es prematuro o está en la incubadora?

El método canguro ha demostrado ser muy eficaz en estos casos. El estrecho contacto piel con piel con el bebé devuelve a la madre la confianza, la seguridad, la conexión con su hijo. Las hormonas presentes en el parto y responsables del «enamoramiento», como la oxitocina, son segregadas en el contacto piel con piel. Así que mantener a nuestro hijo cerca de nuestro cuerpo nos ayudará. Si no es posible, servirá acariciarle siempre que podamos, cantarle, darle el pecho, mecerle, observarle muy de cerca… Todas estas son acciones que van generando el vínculo.

¿Cuándo podemos pedir ayuda si no nos encontramos bien?

Siempre. A veces el parto o el posparto son muy duros y simplemente no podemos conectar con nuestro bebé debido a nuestras propias necesidades no cubiertas. O a experiencias anteriores relacionadas con nuestra propia experiencia de vinculación, que quizá es el momento de resolver. Si no podemos establecer un buen vínculo con nuestro bebé, pidamos el apoyo necesario. Puede que nos baste con reconocer y expresar lo que nos pasa, puede que necesitemos el apoyo de nuestra familia, de nuestra pareja, de un amigo, o de un profesional. Lo que haga falta.

 

 

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