Cuando un bebé viene al mundo su cerebro es como un lienzo en el cual se irá dibujando su personalidad, a medida que el bebé vaya creciendo y el entorno que le rodea ejerza su influencia. Pero ese lienzo no está en blanco si no que tiene un dibujo hecho por la genética y servirá de base para los aprendizajes que desde el mismo momento del nacimiento el bebé vaya adquiriendo. Por eso, podemos decir que los bebés tienen su propio carácter desde que nacen. El temperamento del bebé se irá modelando con el tiempo por la influencia de las experiencias y las relaciones que el peque establezca con sus padres, profesores, compañeros de clase, amigos, etc.

Algunos investigadores han clasificado el temperamento del bebé, y han utilizado diferentes denominaciones para distinguirlos, pero todos coinciden en que el temperamento afecta a su manera de comer, de dormir y de reaccionar ante los estímulos. Para mi, no existen dos niños en el mundo iguales y no creo en las clasificaciones o etiquetas, pero hay estudios que demuestran que el bebé nace ya con su propio carácter y temperamento.

 

El temperamento del  bebé

 

Bebé Angelito:

Como su propio nombre indica son bebés angelitos: Comen bien y suelen estar abiertos a probar nuevos alimentos. Duermen con facilidad y son capaces de dormirse sin problemas y en seguida empezaran a alargar las noches. Las siestas no supondrán mayor problema para ellos, dormirán varias siestas al día y largas. Se adaptan fácilmente a los cambios y puedes llevártelos a todas partes sin tener miedo de que rompan a lloran a la primera de cambio. Son moderadamente activos y desde bastante pequeños juegan de forma independiente. Cuando se enfadan son fáciles de consolar y de distraer.

 

Bebé De libro:

Son bebés promedio, parece que sigan las pautas de desarrollo de los libros. Comen sin dificultades aunque la introducción de los alimentos sólidos necesitan que se produzca paulatinamente. Son moderadamente activos y algunos pueden ser bastante emprendedores. A la hora de dormir necesitan su ratito de rigor para pasar del estado de cansancio al de sueño. Si están muy sobreexcitados pueden necesitar un poquito de mimos. Siempre y cuando alguien preste atención a sus señales de sueño, hambre, etc. son bastante imperturbables.

 

Bebé Susceptible:

Son sensibles a los cambios y se irritan con facilidad. Enseguida reaccionan a los estímulos externos y a menudo les disgustan. Tienden a frustrarse enseguida y cualquier cosa puede hacerlos comer mal. Si toman leche materna pueden tener problemas a la hora de prenderse al pecho y cuando se les introduzcan alimentos sólidos al principio los rechazarán. Sus niveles de actividad acostumbran a ser bajos, son muy cautelosos a todo lo nuevo: juguetes, gente, situaciones, y necesitan apoyo para adaptarse. Prefieren jugar solos que en grupo. Por la mañana suelen estar menos sensibles. Para dormir, cualquier estímulo puede afectarles y si no se les acuesta en el mismo momento en que les entra sueño acaban tan agotados que cuesta al menos el doble de tiempo lograr que se duerman.

 

Bebé Movido:

Es el niño terremoto, el que no para en todo el día. Son impacientes, gritones y con frecuencia testarudos. Su humor es bastante voluble. Son muy activos y están preparados para actuar en casi cualquier situación. Controlan muy poco sus impulsos y pueden ser agresivos con sus iguales. Sus pataletas son difíciles de frenar. Suelen resistirse a hacer la siesta y a los rituales para dormir porque no quieren perderse nada. Con la comida no suelen tener problemas, pero pueden mostrarse impacientes.

 

Bebé Gruñón:

Ya lo dice el nombre: Se enfadan enseguida y tienen berrinches frecuentemente. La actividad no es su fuerte, prefieren jugar por su cuenta y usar los ojos y las orejas más que el cuerpo. No soportan que les interrumpan si están ocupados con algún juguete y les cuesta terminar una cosa y empezar otra. Con estos bebés, la más ligera variación en su rutina les puede provocar una rabieta. Sin una rutina, sus vidas son un torbellino constante y pueden acabar acaparando todo tu tiempo. Las comidas pueden durar bastante tiempo, a pesar de que por contra son impacientes. No se adaptan fácilmente a la dieta sólida y cuando lo consiguen, siempre quieren comer los mismos alimentos. El dormir a estos bebés suele ser complicado. A menudo acaban agotados y están nerviosos. Tienden a hacer siesta cortas, de unos 40 minutos como máximo, lo cual pone en marcha un círculo vicioso.

Algunos investigadores anotan, que un bebé puede presentar rasgos de varios de los tipos descritos, con lo que en realidad habrían muchos más tipos de caracteres en los bebés, derivados de las combinaciones de estos 5 tipos.

 

Quiero remarcar, que aunque identifiques a tu bebé con estas descripciones no lo etiquetes para siempre, si no que, primero, lo aceptes tal y como es, y segundo, lo ayudes a crecer respetando sus necesidades. Por ejemplo: instaurando unas rutinas que le faciliten el día a día a un bebé gruñón, o evitando situaciones que hagan sufrir a un bebé susceptible. De este modo ayudaras a tu bebé a adaptarse al mundo en el que le ha tocado vivir, a su ritmo, desde el respeto de su temperamento, para que el día de mañana ese temperamento se haya convertido en una actitud 100% positiva frente a la vida. Seguramente enseguida sepas cual es el temperamento de tu bebé, pero si eres una mamá recién estrenada aún estarás adaptándote a los cambios que conlleva la maternidad y puedes estar algo perdida. Para conocer cual es el temperamento del bebé, el único método que hay es la observación: sus reacciones ante situaciones nuevas o estimulantes, sus gestos, sus llantos, su manera de dormir y comer, nos dirán mucho sobre su temperamento.

Te invito a que te “pares”, te detengas un momento para escuchar y mirar a tu bebé, incluso cuando llora: cómo mueve sus bracitos, su cabeza, el timbre y la intensidad del llanto. Observar, observar y observar, será la clave para llegar a conocerle bien, en realidad la misma clave (en mi opinión) que para conocer a cualquier persona e incluso para conocerse a uno mismo.

 

 

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