Cómo podemos hablar a nuestro bebé, es fundamental estimular su habla y su lenguaje para establecer un vínculo afectivo con sus padres, con la gente y el entorno. Por medio de la comunicación se conocen las necesidades, el comportamiento y las sensaciones del bebé; además, se observan sus respuestas.

“Si bien las palabras son el medio de comunicación más tradicional, el recién nacido percibe gran cantidad de estímulos a través de las posturas y de la forma como es alzado o cogido”

De ahí la importancia de no sacudir al bebé con brusquedad sino, al contrario, tratarlo con dulzura, respetarle su tiempo de amamantamiento, de vigilia y de sueño.

La comunicación comienza cuando se buscan sus miradas, su atención cara a cara, la gesticulación facial y se le describe cada acción para que el bebé reconozca la voz, la compañía y así desarrolle y refuerce el balbuceo y la intención comunicativa.

Los padres aprenden a comunicarse con él, tocándolo, hablándole y mirándolo. Hacer esto es tan importante como alimentarlo y acariciarlo.

Un bebé recién nacido está acostumbrado a escuchar la voz de la madre, sus latidos cardíacos y la voz de su padre. Por eso es recomendable no sólo hablarle, sino también que disfrute la música que oía cuando estaba en el vientre materno.

El bebé se tranquiliza con las voces conocidas en su nuevo mundo, además aprende a asociar el lenguaje como medio de comunicación con el feedback auditivo (retroalimentación y respuesta).

Todos los miembros de la familia, en especial los padres, deben hacerlo con un tono suave y claro. Utilizando palabras sencillas, evitando el uso de diminutivos y, por supuesto, respetando sus horarios de sueño.

Aunque hablarle a “media lengua” no es lo adecuado, sí es lo más común. Y si bien, ningún niño ha presentado alguna alteración comunicativa porque le hablaron, de vez en cuando, de esta manera, lo ideal es solo hacerlo en forma clara, cambiando el tono de voz y las inflexiones.

Para estimular el desarrollo del lenguaje del bebé hay que cantarle, bailarle, masajearlo, mimarlo, acariciarlo, ya que el contacto táctil es fundamental para el recién nacido.

Los padres deben expresarle los sentimientos que les produce, explicarle qué pasa mientras lo bañan, lo cambian y decirle cómo cambió sus vidas. Hacerlo crea un lazo fuerte con la madre, el padre y su cuidador habitual.

 

 

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