A los 24 o 36 meses, casi todos los bebés son muy inquietos e incansables. No hay que frenar su energía, sino canalizarla adecuadamente.

Hay bebés que manifiestan un temperamento “Movido” ya desde el nacimiento. Otros, por el contrario, revelan su vivacidad después de algunos meses, en cuanto alcanzan un poco de autonomía.
La actividad y la vitalidad, a veces, tan llamativas que parecen excesivas, son comunes en muchos niños y son totalmente normales a los dos o tres años.
Cuando hay un pequeño “terremoto” en casa, siempre se debe tratar de entender la razón de sus comportamientos.

 

Bebés inquietos, que evitar:

  • No regañar al niño continuamente porque es un “manazas” y siempre está haciendo de las suyas: si no se le deja manipular los objetos, no llegará a dominar los movimientos más finos.

    • No infravalorar la inquietud del niño si aparece en determinados momentos. El nacimiento de un hermanito, un período de tensión en la familia o un cambio importante pueden empujar al niño hacia un comportamiento aún más vivaz, que se convierte en una forma de expresar su angustia y de atraer la atención de los demás sobre sí mismo.

    • En estos casos, hay que tranquilizar al niño, y evitar los castigos y las riñas; hay que dedicar más tiempo al pequeño y tratar de entender qué es lo que le inquieta.

    • No etiquetar al niño diciendo, por ejemplo, “eres muy malo”, o frases similares. Sentiría sobre sí el peso de un juicio negativo. Sólo debe criticarse su comportamiento, no su persona.

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